La ONG Any-Body detectó que las marcas locales no respetan la ley que las obliga a fabricar prendas para todo tipode medidas. Su directora para la Argentina, el 70 % de las mujeres tiene problemas para comprar jeans.
Escribe Natalia Gelós
Es un martirio tan terrenal, tan cotidiano: intentar calzarse un pantalón de talle falaz, en el probador de una tienda, debajo de las dicroicas que derriten, frente al espejo que se vuelve hostil ante el cuerpo tan desprotegido. Ante la falta de un talle honesto, que reconozca la naturalidad de los cuerpos. Es un martirio para casi el 70 por ciento de las argentinas. Eso fue lo que descubrieron las integrantes de la ONG Any-Body, paladines del cuerpo real que busca generar conciencia acerca de los problemas que acarrean las idealizaciones de una belleza imposible. En el país llevan adelante una campaña destinada a poner de relieve la importancia de la correcta implementación de la Ley de Talles. “Si yo, que soy talle 44, tengo problemas para encontrar ropa, ¿qué les espera a las personas más obesas? El año pasado fui a Palermo Hollywood y desde la puerta me decían que no había talles para mí. Eso es discriminación: decidir que una mujer más grande o de determinado talle no tiene derecho a vestirse lindo. Cuando eso pasa, las mujeres piensan: “Hay algo mal conmigo”. Lo que me impacta es que yo, que estoy informada, no compro porque no me hace bien que no me entra el talle único. Si me afecta a mí, que tengo toda la conciencia de esto, no quiero imaginarme cómo aplasta a una adolescente que está insegura de sí misma”, explica la canadiense Sharon Haywood, directora de la ONG en Argentina.
Existen dos leyes del talle, una de la provincia (12.665) y otra de la Ciudad de Buenos Aires (3.330). Para mirar el vaso medio lleno, Any-Body realiza desde 2011 una campaña destinada a felicitar a las marcas que intenten cumplir con la ley. Hasta el momento, las reconocidas fueron tres. “Felicitamos a Yagmour, VER y Portsaid; aunque en este momento ninguna marca respeta la ley 100%, notamos que estas tres hacen grandes esfuerzos para cumplirla”, aclara Haywood. Primero, identificaron las marcas a investigar, a partir de la encuesta que realizaron entre 300 mujeres. Luego, las integrantes de Any-Body se probaron la ropa de incógnito. El jean, dice Haywood, es la prenda clave. “Veíamos qué talles tenían, si llevaban etiquetas de IRAM (Instituto Argentino de Normalización y Certificación). Hay un mínimo básico de requisitos: tuvimos que bajar nuestras expectativas porque el panorama era tristísimo. Encontrar tres fue un gran logro. Esperamos que en 2012 se reglamente la ley de Capital”.
–¿Por qué focalizar en la Ley de Talles?
–Porque esconden discriminación y porque podemos hacer acciones concretas. La primera ley es de 2006 y su incumplimiento dice mucho. Habla de corrupción, pero también es un comentario fuerte sobre el mito de la belleza. Mucha gente se confunde y cree que la ley de talles es sólo un problema de la gente gorda, pero es un tema que afecta a la mayoría. Lo que pasa acá es un reflejo del mundo, en el que el ideal de belleza se limita mucho. Esto comenzó en Occidente, pero lo exportamos. Cuando ese ideal se adopta, se lo toma en forma extrema. Los talles son un reflejo de eso. En la Argentina, los trastornos alimentarios están en un nivel número dos del mundo. Japón es el número uno. Creemos que también tenemos que generar cambios en Norteamérica y en Europa también, porque son los que exportan esos modelos de belleza, por eso este es un movimiento internacional. La representación de las mujeres en los medios también es muy acotada.
–¿Cuáles son los puntos fuertes de la ley?
–Debe haber un amplio rango de talles en la mayoría de las prendas. Lo más importante es tener un talle estandarizado. Algo que acá es un gran problema, porque en una tienda sos 38, en otra 4, en otra medium. Un requisito mínimo de nuestra campaña es que haya una etiqueta y si las medidas son diferentes a las de IRAM, que haya una tabla de conversión.
–¿Si no están estandarizados, cómo se estipulan los talles acá?
–No hay un estudio nacional que estime las medidas del cuerpo argentino y es necesario, porque el cuerpo de las mujeres, a pesar de lo que se cree, no es uniforme, producto de la inmigración. Si las marcas venden sus talles más grandes, eso dice algo. Las que trabajan con variedad de talles usan los estándares de Europa o de Norteamérica. IRAM por cada talle tiene rangos de medidas. Nosotras intentamos generar algo lógico y estandarizado para todo el país. Hasta que tengamos un estudio nacional, tenemos que orientarnos con algo. Yagmour, por ejemplo, estaba usando estándares de Europa, porque acá no había. Ahora están en línea con las medidas de las argentinas. Es un proceso largo porque si las marcas dicen que quieren cambiar, recién pueden hacerlo el año que viene, con el cambio de temporada. No se puede cambiar en un mes.
–¿Y de qué talles hablamos, entonces?
–La ley de Capital dice que debe haber ocho talles, pero no dice cuáles. La de provincia especifica entre el 38 y el 48 (van de dos en dos, así que son seis talles). Ése es nuestro mínimo, pero la verdad es que tienen que llegar a ser ocho. Ahora, algunas marcas llegan al 50. Muchos dicen que la ley de Capital necesitaría marcar del 36 al 50 y nosotras usamos eso como guía. Esperamos que la reglamenten pronto porque es difícil estandarizar cuando no hay acuerdo.
–¿Cuál es la respuesta de las empresas?
–Elegimos esta campaña porque queríamos focalizar en algo positivo. Ahora encontramos algunas etiquetas de IRAM, pero basadas en las respuestas que no recibimos, vemos que no hay voluntad. Hay muchas empresas que no están listas para este paso. Es un compromiso en plata, pero van a ganar más. Hay muchos talles 42, 44 y 46, pero las marcas que ofrecen variedad están notando que necesitan más talles del 50 a 52.
–¿Algunas marcas se resisten para mantener la clientela de cuerpos delgados?
–Piensan que no vale la pena poner una minifalda en una mujer de talla 54. Eso no puede ser decisión de ellos. Pero hay varios estigmas y prejuicios y no les dan a elegir. Eso es discriminación. Muchas marcas no quieren trabajar con nosotras porque decían que somos una organización que trabajaba para las gordas, pero la ley de talles es para todos.
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“Encontrar tres marcas fue un milagro”
A pesar de que aclaran que las marcas argentinas no respetan las dos leyes de talles (de la provincia de Buenos Aires y de Ciudad, que aún ni siquiera está reglamentada), las integrantes de la ONG Any-Body detectaron que tres realizan esfuerzos para cumplirla y por eso las felicitaron. Son Yagmour (cuyas últimas campañas son protagonizadas por la actriz Mónica Antonópulos), VER (que desde hace varias temporadas contrata a mujeres comunes y no modelos para sus gráficas) y Portsaid. En las vidrieras de estas firmas reluce, a modo de “muy bien felicitado”, el signo de una mujer en rosa radiante, una manera de decir que esas compañías de indumentaria trabajan en conjunto con la ONG para cumplir con la ley.
Esta campaña surgió en el marco del congreso “Especies en extinción: preservando el cuerpo femenino”, que tuvo lugar en el país el año pasado, como un espacio para cuestionar los ideales de belleza establecidos y los problemas de salud que traen cuando se alejan del cuerpo real.
“El trabajo fue silencioso, detectar tres fue un milagro y después de entrar en contacto con ellas, seguimos asesorándolas.”

Su clave es la elegancia con un toque de locura. Sus influencias van desde las mujeres distinguidas de su familia a los Rolling Stones, amigos de sus padres.Le gustaría vestir a Madonna, Susana Giménez y Cristina Fernández.
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En 1961 su padre compró la primera fabricante del país de estos accesorios, aunque su familia ya los confeccionaba en España antes de emigrar. Por qué se dejaron de usar y la moda que anuncia que vuelven con todo.