Convocados por una ONG solidaria, se agruparon y viven en un parador de Parque Patricios, el único del mundo que es gestionado por gente de la calle. Tienen cursos de teatro, capacitación laboral y deciden en asambleas.
Escribe Ignacio Ramírez
Fotos Juan Pablo Barrientos
Antes se lo conocía como Hogar Monteagudo: un lugar sórdido de puertas cerradas que tenía estrictos horarios de entrada y de salida. Pero este año se convirtió en el Centro de Integración Monteagudo, considerado el primer parador en el mundo que es organizado por homeless: personas sin hogar ni ingresos fijos que deambulan por la calle las 24 horas. Es el dormitorio más grande de la ciudad, donde los marginados de la sociedad se autogestionan y buscan escapar de su anterior hospedaje: la intemperie. En el hogar, situado en Monteagudo 435, Parque Patricios, conviven 110 personas. El 60% reside en forma permanente.
El cambio se nota. Hoy los homeless se organizan en asambleas y deciden su futuro democráticamente. Nada más lejano de lo que estaban acostumbrados: a que les digan que no hay lugar, a la indiferencia, a ser robados y golpeados por que sí. A no tener un rincón donde caerse muertos. Ahora dejaron de sobrevivir como perros para vivir dignamente como personas. Sueñan con dejar atrás un pasado calamitoso, un estilo de vida que se naturaliza a la vista de todos. En el centro buscan ser respetados y dejar de ser un número y acomodarse para poder pensar en la resocialización. En el hogar, la opinión de los residentes vale tanto como la del director, Horacio Ávila, de 48 años, quien se quedó sin casa en 2002. Durante cinco años vivió en plazas y sufrió el desprecio de una sociedad que lo escondía. Hoy disfruta cuando cierra la puerta de su baño o duerme en su casa mirando televisión. “Nos une un lenguaje común que nos identifica, la frustración, la indignación, la reivindicación y la lucha por todos los derechos violados y vulnerados. Cuando estás en la calle las 24 horas, tu cabeza nunca descansa, y es difícil mantener un estado de coherencia viviendo en la nada”, dijo. Una vez, Horacio vio morir gente de frío. Fue en la plaza 1º de Mayo, en Balvanera, cuando trató de despertar a unos de sus compañeros de ranchada, lo tocó y se desplomó. Se había muerto sentado: tenía 72 años.
El centro es impulsado por la ONG Proyecto 7, una organización sin fines de lucro que ayuda a los que viven y sufren la calle. La primera impresión que se tiene cuando se habla con los residentes es que todos tocaron fondo. Es como una postal del Bronx, llena de miradas tristes. En la puerta del hogar, entre camiones estacionados, hay seis hombres sentados. Todos están barbudos, la mayoría fuma. Sus historias están marcadas por la desgracia, las malas juntas o la adicción y el abandono. Hasta hace algunos días, dormían en puentes, veredas o plazas. En la Ciudad de Buenos Aires hay 15 mil personas sin techo.
En uno de los ambientes del parador hay un gran ropero con bolsas, mochilas, valijas y ropa. Le sigue otro con mesas y un televisor. Frente al salón de estar y comedor está el baño, la cocina, la administración y el gran dormitorio de unos 2.500 metros cuadrados y un entrepiso. La rutina del día tiene desde talleres de oficio, teatro y capacitación laboral hasta grupos interdisciplinarios, hasta uno contra las adicciones. El centro es coordinado por 30 personas en tres turnos...
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